Europa no es una visión
Los países del continente deberían recordar lo que ha demostrado la UE: cuando viven en común pueden tener sueños de prosperidad y felicidad, mientras que las pesadillas han sido siempre creaciones nacionales


En los años veinte y treinta del siglo pasado, Estados Unidos era el país donde existía un movimiento fascista importante, mientras que en Europa ese movimiento era combatido en las calles. Henry Ford, el gran industrial automovilístico estadounidense, era un nazi declarado, admirador de Adolf Hitler, y el héroe nacional, el piloto Charles Lindbergh, defendía un modelo político racista y fascista. Y sin embargo, quien ganó las elecciones en Estados Unidos en repetidas convocatorias fue un político de aires socialdemócratas, Franklin D. Roosevelt, dueño de una personalidad arrolladora y defensor de un programa político llamado New Deal, basado en la solidaridad y el acuerdo democrático.
En Europa fueron necesarios muchos años de guerra para redescubrir las virtudes democráticas. Años en que cada país luchó durante un largo periodo por su lado, sin un liderazgo común, como sí tuvo Estados Unidos. En estos momentos, tampoco existe ese liderazgo común, no solo porque la Comisión Europea ofrece una imagen de debilidad frente a Washington, sino también, y fundamental, porque la defensa de la soberanía corresponde a cada país. La defensa nunca ha formado parte de la política común europea. Quizás sea mejor, porque si algo han demostrado los países europeos a lo largo de la historia es que están dispuestos a defender su soberanía y sus fronteras.
Un ejemplo claro ha sido el caso de Ucrania. Cuando fue invadida y atacada por el ejército ruso, nadie esperaba que fuera capaz de hacer frente a la agresión. Y sin embargo, eso es exactamente lo que sucedió: surgió un liderazgo inesperado, el de Volodímir Zelenski, y se formó un ejército de voluntarios que fue capaz de frenar el ataque y que continúa, cuatro años después, defendiendo su territorio. Difícil pensar que los países europeos, si fueran atacados por Rusia, no serían capaces de organizar la defensa de su territorio, por mucho que una y otra vez se diga que no tendrían capacidad para ello sin el paraguas estadounidense. Es cierto que se produciría una situación insólita puesto que Washington forma parte de la OTAN, la coalición que garantiza la defensa común, con Estados Unidos como principal aliado. Pero es seguro que cada país europeo organizaría su defensa y contaría con la ayuda de sus vecinos.
Lo importante es no llegar a ese punto. Primero, porque precisamente las circunstancias respecto al siglo pasado son muy distintas y existe la Unión Europea. Con tratado de defensa o sin él, Europa cuenta con una organización propia llena de posibilidades y los sondeos demuestran que todavía un 40% de los estadounidenses ven a Europa como un aliado, no como un enemigo. Son el Gobierno de Donald Trump y todo el entramado político creado en torno a la Fundación Heritage quienes han pasado de considerar a China y a Rusia adversarios con diferencias ideológicas a solo verlos como oponentes comerciales, mientras que mira a la UE como un adversario político, que debe deconstruirse y volver al esquema de naciones individuales del siglo pasado. Pero Europa ya sabe que cuando vive en común puede tener sueños de prosperidad y felicidad, mientras que las pesadillas han sido siempre creaciones nacionales.
¿Por qué la Administración de Trump ve a la UE como un adversario ideológico? Washington busca debilitar la capacidad de los europeos de regular los negocios de los gigantes tecnológicos estadounidenses. Y en eso precisamente reside la fuerza de los europeos. Washington quiere reducir al máximo las políticas medioambientales, que se enfrentan a los interese de los grandes complejos financieros. Europa debe mantenerse firme en esa regulación digital. La creencia popular en que los europeos no podrán defenderse de esos gigantes está alentada por las propias redes de desinformación del sistema Trump. En realidad, esos gigantes solo tienen un mercado lo suficientemente rico y grande, que es precisamente Europa. Nosotros dependemos de ellos, pero ellos también de nosotros en gran medida. China y Rusia tienen sus propias empresas, solo Europa tiene abiertas sus puertas a los productos estadounidenses. Europa debe mantener sus reglas y sus valores humanistas frente al autoritarismo, masculinismo y supremacía blanca que defienden los seguidores del MAGA, y puede y debe acercarse a Brasil, India, Sudáfrica y otros países del llamado Sur Global, así como reforzar sus acuerdos con América Latina, con la firma del tratado Mercosur. No se trata de tener visiones, sino de mantenerse firme en reglas y normas, y en la defensa del derecho internacional. Como bromeaba el canciller austriaco Franz Vranitzky en los años ochenta, “cualquiera que tenga visiones debe ir al médico”. Lo de Europa no debe ser una visión, sino un acuerdo concreto.
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